23.3.08

Copas rotas

Y fue pensar en distancias. No había punto de equilibrio o plano en el cual cualquier competencia pareciera justa. Todo lo sabido alcanzaba niveles de evidencia abismantes. Me pregunté si tal vez ella lo vería tan claro o si al menos sabría de la certeza que sentía. Era imposible que no lo viera. No había temor, pues no había objeto de miedo. Las distancias son muchas y todas a mi favor, tanto que decirlo no es vanagloria barata, sino el reflejo de la comparación de dos personas con una serie de elecciones distintas marcadas por el olor de ambos, donde era imposible dejar de percibir cual era la colonia barata.

16.3.08

Sensación de domingo

Más que un verdadero malestar, resulta ser un malestar cansado. Todo es un horno que te asa y aletarga, te llena de aire fétido los intestinos y te quema por dentro. Molesto por donde se le mire. Lo bueno es saber que sensación se irá en cuanto cierres los ojos y el domingo de paso a un lunes con sabor a café mañanero y una oportunidad por delante.

8.3.08

En fin...

Soy charcha (No, miento, no lo soy, lo digo solo para que esta entrada suene un poco más humilde), pero es bueno saber que en internet hay un fotolog de algún conocido de antaño que me tire en la cara su decadencia...que es mucho más profunda que la mía




=)

15.1.08

asdasdaasdasd

Macetas pesadas que caen. Un cráneo va junto a ellas y al tocar el piso su mandíbula salta varios metros y queda intacta. ¿Qué puedo decir? Esta es la magia. The magic sell's of you. A la mierda si está mal escrito. Serán (seremos) pasajeros de trenes muertos, descarreados a la vida. Al fin y al cabo no existen ni buenos ni malos, sólo vida corredora (de pajas?), rápida; la garrapata perfecta que espera el turno para caer sobre lo inórgánico. Pero lo biológico no es lo mío. Quizás lo social, pero teñido, en azul, verde, rojo o mejor, sólo plomo. Plomo, balas, color de mierda. Es un gran "depende". Otra psicología más en un mundo atestado de ellas. Más antigua que las oficiales. Rodeada de matices que me impiden saber cuál eres tú si no mantengo la cabeza fría, si no abro bien los ojos, para ver antes y ahora. Para simplemente ver lo que hoy es obvio y el problema no está en lo obvio, sino en el hoy. Hoy no es ayer (gran deducción. Un Nobel para mí) todos los días detrás de hoy serán ayeres degenerados, sangrientos, orgiásticos, pero con sabor a nada. Grasa insípida, porque faltabas tú y te habías llevado parte de yo. Entonces la entrega total, la rendición absoluta de la últimas defensas es un imperativo, pero requiere un harakiri final, de introducción lenta de la daga para poder saborear el gusto a muerte, para botar la mala bilis y los humores restantes. Vomitarme la ropa y curar la ceguera sanguinaria. Es dificil de explicar como uno se acostumbra a la oscuridad y ver se tranforma en un acto doloroso. Pero la entrega, el doloroso suicidio aparece como la luz al final de nuestros laberintos (si querida! también tengo uno!) Deajaré que me mates si quieres (no querrás) y que me condenes a la ceguera (no querrás) Toma la espada. Blándela sobre mí (no querrás). Acaricia mi pelo con el filo. Así amor. Te confiaré mi vida y lo que pase después de la muerte con tal de matar la ceguera. Lo querrás.

6.1.08

20's

Sorbeteaba su mariscal y abrazaba su abrigo de animal desafortunado. Me miraba con sus ojos destrozados por el humo del cigarro y con cara de odio. ¿Qué iba a saber yo que le molestarían mis versos? Yo quise halagarla, aunque quizás rememorar su pasado de burdeles y libertinaje en público no fue una buena idea. Enrojeció mientras trataba de hacer poesía en el momento con ella como centro. Pero causó más risas que emoción y ella se paró y se fue. Aún sabiendo que todo lo que decia era para ella. Me mira y sin hablar me dice: Calla Josefino, calla.

5.1.08

20's


Riera -al igual que yo- se encontraba intrigado por la procedencia de las imágenes oleográficas dáctiles. Supuso que eran otro truco del famoso Mago Caprianni heredado quien sabe como por la Rucia. Estaba muerta y su imagen podía moverse y olerse. Cada noche sostenía largas conversaciones con ella, llegando a comprenderla mejor que en vida. Era cuestión de colocar los cristales en las posiciones marcadas con su sangre para volver a verla. Cuando el entendimiento fue total entre ellos, Josefino decidió lanzar los cristales al mismo río donde esparció sus cenizas. Era hora de dejarla ir. Fue breve al despedirse de ella, pues ya no había que decir. Se entristeció mucho cuando intentó abrazarla y recordó que eso iba más allá que el poder de los cristales.

4.1.08

20's- "Osos comunistas"


Riera murmulló unas palabras: Queso? que es eso? mumullos destellantes, detrileantes, galopantes, destartados....Qué hace de aquellos caballos bestias tan especiales? "Su linda dentadura" relinchaba mi rucia "Dónde puedo hayar osos grises para parcahar mis abrigos?" preguntaba, "Puedes encontrarlos en Norteamérica. Allá esta lleno de ellos. Se pasean por las calles como acá se pasean los perros". Sin creerme una palabra me contrapeguntó: "Y cómo lo hace la gente para conivir con ellos?" "Tienen un trato" le dije "Ellos los dejan pasearse por su calles y hacer lo que quieran y los osos se comen a los comunistas" Esther se rió y luego me golpeó "suavemente" la cara (suave para ella, pero no para mi), porque recordó nuestra gran cantidad de amigos comunistas.

20.10.07

20's

Las velitas honoríficas se hacían pocas y las métricas, antaño poderosas, eran destilado de pasado. Se te murió Esther, Josefino. No hay más poesía al andar, porque lo cotidiano se desaliñó. Huele a tallo mojado y todos van de negro. Un paro cardíaco y la vieja se me fue. Se me fue. Se me jue. Ahora es angelito y lo que me dejó ocupa un espacio en lo más alto del callejón más antiguo del cementerio general. Mi vieja, ya cana por los años no aguantó más. Se cierran los libros, ya no hay más tinta para la poesía.

11.10.07

20's

Una curiosa anotación de Riera que luego me sonaría ha frase dicha por otro, sin poder identificar hasta hoy quien: ...y como dijo el Muerto Sánchez: "ojalá haya algo más allá de la vida"

25.9.07

Nva Entrada

Ya debes haber leído entre líneas que te amo hace bastante =)

24.9.07

Josefino Riera

Josefino Riera

José fino reirá

Dn. Josécito riera

José, fin o reir, ah?

"No sé" fino Riera

No ser fino Riera

No buen hijo Riera

Poetiso Riera

Pepino riera = La tienes del porte de un pepino, Riera (Esther)

¿Reirá el poetiso?

Enfermizo Riera

Canosino Riera

¿Abuelito Riera?

Fiambrecino Riera

11.9.07

Debilidad (Saiko)

Soy tan humano como los demás,
y me cuesta decir la verdad,
ver mi relejo,

No, tuve fuerzas para derrotar,
mi vacío, mi debilidad,
estaba lejos,

Y ahora voy, comenzando a caminar,
aprendiendo a respirar,
estaba ciega,

Voy, cargando con mi cruz,
ya puedo ver la luz,
te veo en el final,
de mi camino,

Y hoy, que comprendo por que ya no estas,
he sentido la necesidad,
de estar despierta,

Y yo doy, lo que quieran por recuperar,
el amor que no supe cuidar,
es mi castigo,

Sé que soy, ajena a su verdad,
peligro a lo normal,
huelo sus miedos,

Voy, viviendo un día más,
luchando por ganar,
a mi debilidad,
y estoy de regreso...

8.9.07

20's

"Nunca olvidaría a Esther. Nunca dejaría de amar a Esther. Sólo después de dos años me di cuenta que la redención que esperaba no llegaría y ella no sería borrada de mi cabeza por otra que me robara el alma. El túnel era sin final. Todo lo vivido se me integraría y no podría cambiarlo, sino que debería aprender a vivir conmigo. A llorar de la rabia, a odiarme, a odiarla, a odiar el tiempo y la inexperiencia. Entender que un pasado de mierda no se borra, sino que se hace parte de uno. Uno es pasado viviendo en el presente. Porque lo antiguo se le ha metido entre las ropas y cambia el tono en que saludo y los gestos con los que me despido...y ella está inserta más allá de mis ropajes"






Josefino Riera, 1924

"Como si el mundo se moviera por la razón"

pg 23, párrafo 2

30.8.07

20's


...Riera, remedo de hombre. Nunca supiste cuidar de la rubia Esther como se lo merecía una ramera como esa. En vez de hacer lo que todos hicieron con ella la miraste con ojos eternos. Le regalaste tus mejores poemas (aún siendo los mejores tuyos, seguían siendo malos) y la cobijaste en vez de golpearla. Llorabas un par de horas porque ella siempre se escurría de tu cama antes del amanecer, pero seguías recibiéndola bajo tu techo cada noche con un café en el velador, aún cuando el olor de otro en su piel fuera más fuerte que el tuyo...

16.8.07

20's

A todos los presentes no les cupo la menor duda. Josefino no era poeta. Era otro cuico más con suficiente dinero para pagar la hora en el auditorio más caro de Santiago. Para los Riera ese fue su intento final con Josefino. No intentarían que fuera un hombre de bien nunca más. Lo dejarían a su suerte y, si la fortuna les sonreía, lo atropellaría un tranvía por recorrer ebrio la Alameda. No lo odiaban, sino todo lo contrario. Era el hijo predilecto de su médico padre y su largamente apedillada madre. Lo adoraban, pero no había talento alguno en él y todos los Riera, a excepción del propio Josefino, lo sabían.

20's

Esther soltó una lágrima, Josefino dos, Esther tres. Josefino cuatro, Esther cinco...así siguieron sumando lágrimas hasta que se aburrieron de jugar.

30.7.07

20's


Sin duda alguna, su poesía residía en los gestos cotidianos. Esther detenía todo lo que estuviese haciendo para verlo intentar arreglar un reloj o lavar un repollo. Le encantaba la torpeza del hombre, la que al ojo dispuesto a ver resultaba hermosa. Esther siempre estuvo dispuesta a mirar a su poeta, buscando esos toques de belleza pura que Josefino arrojaba al sacudirse la cabeza para botar de su oreja el agua de la ducha. Mientras rompía los huevos del desayuno o bañaba a su maltrecho gato, la rucia solía sonreir, pensando en la próxima brillante estrategia que Josefino usaría para lavar relojes o arreglar repollos.

29.7.07

20's


Con zapatos barrosos y metido en miedos reales con algo de cirrosis y un largo expediente de deudas. Había sido el primogénito de una familia opulenta, hasta que el cigarro lo fumó y el alcohol lo bebió. Había sido orgulloso y orgullo de otros. Hoy era el antiejemplo de su clase, transformándose en icono de los bares de los 20's santiaguinos. Era poeta en un época donde no tenía gracia serlo, porque todos a su manera hacían poesía en un país irreal, ese que las generaciones posteriores añoramos y tratamos de vivir en picadas de malas muerte con viejos escabechados en pipeño, creyendo que estamos a tono con el lugar llevando Nikes rotas.
No, no entendemos el Santiago de Josefino Riera, aquel poeta flaco, medio muerto de hambre y medio millonario por una herencia que jamás le dijeron que tenía, porque temían que se la gastara en parrandas con amigos que no eran amigos, pero servían para festejar. El hombre no se preocuparía de nada serio ni nadie se lo exigiria, porque era su naturaleza ser idiota o genio, según la marea fuera alta o baja. La rubia Esther no tuvo el tiempo suficiente a su lado para domesticarlo y hacerlo uno más en un mundo que se llenaba a goterones constantes de muchos "uno más". Jamás despertó a su lado luego de una noche de sexo magnificente y no porque no lo quisiese, sino porque no correspondía. Era impensable despertar con Josefino y confundirlo con un gesto así, ya que, aunque el no lo aceptara, no era para tener una familia o un trabajo. Había nacido con el don de la poesía y no escribió en su vida un solo verso que valiera la pena recordar...

22.7.07

Marambia (continuación)


…Trenecitos…regresiones…tiempo seguro…infancia…

El pasajero de enfrente, un hombre de mediana edad y obviamente más curioso, llamó al encargado para preguntarle que ocurría.

-Es el espectáculo nocturno.- dijo el empleado.

…El hombre miró con extrañeza al encargado, pero intuyó que no le entregaría más información…la lógica y la formalidad se encontraban demás…Los rieles se armaban frente a los trenes con un ritmo perfecto y eso bastaba…El espectáculo brindado por esos trenes era algo que pocos veríamos, posiblemente reservado para una minoría selecta, de la cual no creía merecer ser parte…Pero allí estaba y eso significaba que era distinto al resto, vería más que otros y disfrutaría de espectáculos como éste, los cuales probablemente me costarían la razón…El precio no sólo era justo, sino que necesario…Ningún cuerdo podría disfrutar de funciones como esta y las que, con acierto, supuse que vendrían…Más adelante y dependiendo del humor del dramaturgo, vería mis miedos con tal intensidad que debería huir de la sala asqueado, mutilado y sangrante, para entrar a otras donde repondría lo perdido, volvería al pasado y viviría mi existencia tal como escrito la viviera…

Del embobamiento pasé al recuerdo y de él a los primeros toques del olvido. No pude retener los detalles por mucho y me desconcentré en otros asuntos. Reaparecieron las preocupaciones cotidianas y entre ellos la desaparecida Marambia. Habían pasado tres horas y ya era tiempo de que regresaran. Los traería de vuelta con toda la amabilidad posible, aunque si pasaba por vulgar o mal jugador me importaba poco. Me dirigí al bar, pero no estaban allí. Supuse que se encontrarían en los vagones de carga, aprovechando la oscuridad del lugar. Soborné al encargado y me pasee un rato entre maletas y artículos raros. Vi mi maleta, dos lanzas antiguas, jarrones medievales, un arpa tallada con la imagen de una mujer torturada y un felino amarillento, cuya raza no pude identificar. Ya me iba cuando apunte con mi linterna debajo de un piano cubierto por largas sábanas blancas. Me di la vuelta y salí del vagón. No cabía duda de que ahí se encontraban, pero no quería dar un espectáculo frente al sobrecargo. Marambia y Enrique ahora sabían que los buscaba y volverían pronto a los asientos. En cuanto lo hicieran me correspondía actuar. Debía inventar algo aún más osado para vencer al famoso Enrique y tomar su lugar de privilegio en el submundo mohoso y putrefacto que sostiene el esplendor de los artistas.

Veinte minutos después, ambos entraron al vagón. La camisa de Enrique estaba arrugada y el nudo de la corbata mal hecho. En cambio, Marambia venía tan ordenada y limpia como se había ido. No podía dudar de su experticia en la materia del engaño después de tanto tiempo juntos. Me sentí decepcionado de Enrique por su poca finura y me pregunté si merecía la inmensa fama de gran amante que gozaba. Ambos se sentaron sin mirarme y con actitud indiferente. De inmediato me levanté, tomé el pálido brazo de Marambia y la llevé hacia la puerta del vagón. Era mi turno de jugar y demostrar que podía más que el viejo. En los breves pasos hacia la salida pensé en formas amatorias que ella no conociera, pero no encontré. La historia entre ambos era demasiado larga para novedades. Atravesé primero el portal, pensando que mi amante me seguiría, pero no lo hizo. Se soltó e intentó cerrar la puerta lentamente, como dándome tiempo para que la detuviera. Así lo interpreté y puse mi pie para evitar que cerrara por completo. No era mi intención detenerla o rogarle. Las reglas se respetarían, tanto al seguir juntos como al separarnos. Sólo necesitaba saber algo y podría irme.

Finalmente, formulé la pregunta:

-¿Estás segura?-

Bajó la cabeza unos momentos, aunque supongo que se dedicó a recordar más que a pensar. La decisión había sido tomada hace mucho, pero no ejecutada de inmediato. Probablemente, Marambia también buscó alguna forma para realizar el final dialéctico.

…y tampoco la encontró…Asintió con la cabeza y la odié, algo que no esperaba… Aún así saqué mi pie de la puerta. Ella cerró de inmediato… Me alejé del tren y caminé por el largo patio rojo…Un niño…No entendí porqué aún en mis sueños Marambia decidía alejarse…un niño asustado…y entonces pase de odiarla a odiarme…porque me era imposible retenerla aún en el lugar más oculto… una trampa para niños…Era mi deseo y no podía hacerlo patente… un niño asustado en una trampa…porque la contradicción me había comido…El niño no ve solución…el final feliz estaba vedado por donde se mirase…corre la sangre del niño…y en ninguno de mis planos podía mentir como deseaba hacerlo…el niño se entrega a la trampa…

…Esperaba que fuera distinto…esperaba que no fuera…porque era mi sueño y no el de ella…la mentira que permite respirar…recorriendo el vagón maldito, tomando cócteles con Enrique e invocando a los muertos…riendo junto a él…de mi ignorancia, de mi vida a medias…“Te falta experiencia, pendejo” me dijo…y no pude parar de reír, porque el insulto anunciaba alegrías venideras y me pedía un poco más de aguante…era una promesa…que me alejaba de la navaja y el corte en el cuello…una puerta más en el teatro…con mi nombre y el espectáculo que daba por título…sin gracia, final o moraleja…sin Enrique ni Marambia…sólo yo y lo que deja entrever mi sueño…

Marambia

…Rubia de ojos azules…como le gustaban a Hitchcock…en lo personal las prefiero morenas…ella era violinista, pianista y buena amante…Se encontraba confusa y por eso seguíamos juntos…encontramos una disfuncional forma de funcionar…nada menos sano que nosotros…nadie más perdido…Enrique era un escultor retirado cotizado en todo el mundo, uno de los pocos baluartes de un país de mierda…donde los trineos se deslizaban por la caca y los niños jugaban con ella…ni hablar de lo que comían…jajajaja…Yo era un escritorcillo más que se comportaba, olía y vestía como el resto de los de su clase…la insana tendencia a vestir de negro y complicarse la vida porque sí…un tanto inocente y un tanto perverso, al igual que Marambia y a diferencia de Enrique, quien simplemente reía…

Una vez abordado el tren noté las intenciones del famoso Enrique con mi amante. Mientras Marambia conversaba con él, la di vuelta hacia mí y la besé. Arranqué unas gotas de sangre de sus labios y las sorbí, mientras nuestro compañero de viaje observaba toda la escena. Quería recordar a mi competidor la fuerza que sólo teníamos los de veinte y él había perdido hace rato (¡Qué pobre iluso era!). Marambia, un tanto confundida al principio, se complacía de dar aquel espectáculo. Gustaba de Enrique y sabía que éste disfrutaba el show, no porque fuera singularmente pervertido, sino porque en realidad vernos era algo digno de contemplación. Besos, caricias y gestos eran parte de una coreografía inventada sobre la marcha. Precisos como orfebres y espontáneos como novatos. Éramos artistas de un arte inexistente rememorando a amantes de otros tiempos, mucho antes que naciéramos. La técnica era simple: acorralar el pensamiento y disfrutar de la irracionalidad del instinto. Pero siempre por escasos momentos, pues la muerte de alguno terminaría el ciclo. Esta vez murió ella. La sola esperanza fue capaz de matarla, revolcándose entre un temblor sorpresivo y un gemido ahogado cuyo tono conocía.

Tras su muerte me dediqué a observar el paisaje. Pronto me embobé con él y dediqué unas horas a contemplarlo. Pensé en los pintores paisajistas y reflexioné acerca de lo mucho que me agradaría poder retratar esa visión, pero de una manera que no puede lograr la pintura. Mi intención era incluir en el cuadro el movimiento y olor del tren, el sabor de Marambia y la satisfacción que sentía. Me volví hacia mi amante para comentarle lo que quería, pues probablemente tendría alguna idea para lograr ese cuadro y si no, en compensación, su imagen incluiría otro trazo para completar la tela que esbozaba. No estaba en su asiento y tampoco Enrique. Obviamente estaban juntos en otro vagón, posiblemente bebiendo algo en el bar o ya habrían llegado al baño…Pensé en ir en su búsqueda, pero lo descarté de inmediato. La actitud de marido celoso se encontraba fuera de lugar en una relación como la que mantenía con Marambia. Además los tres nos encontrábamos en un juego, donde una acción como esa sería mal vista por los otros participantes. No era la primera vez que jugábamos con un desconocido (o desconocida) y posiblemente tampoco lo era para Enrique, por lo cual, las reglas eran claras y acatadas por todos, o al menos, por aquellos como nosotros.

…Sí…algo de celos sentía…pero los atribuyo al tiempo y no a algún sentimiento por Marambia…la comencé a apreciar porque con el tiempo era la única que se había quedado…si me quería o no era algo anexo…si me lo preguntaba le diría que se fuera…quizás no entendió que le rogaba todo lo contrario y lo tomó literalmente…yo también deseaba escapar…porque sentía miedo…de que se quedara y que se fuera…carecía de lógica, pero así era…si se quedaba tendría que amarla y no estaba dispuesto, conocía demasiado bien sus pecados…si se iba la extrañaría y tampoco lo deseaba…quería un final dialéctico, donde ambas posturas se conciliaran, pero sólo existía en mi imaginación…en realidad, ni siquiera ahí…era una mentira tan descarada que incluso allí me daba vergüenza concebirla…

Intenté retomar mis pensamientos acerca de la pintura, pero no pude. Faltaba la intervención de Marambia para llegar a lo medular del asunto y desarrollar la idea. En ese momento me asustó lo mucho que me había acostumbrado a ella. Aquella no era la primera vez que necesitaba de su presencia para finalizar alguno de mis pensamientos, fenómeno que también vivía ella. Para bien o mal nos habíamos sincronizado y muchas veces actuábamos como un solo ente. Culpé de la situación al tiempo, pues llevábamos juntos más de lo que alguno de los dos imaginó y, probablemente, de lo que debíamos.

…los campos y Marambia en construcción…yo en construcción y Enrique se demuele…las vacas lechosas y Marambia…trocitos de pensamiento inconexos…se busca traductor o un cerebro que pueda funcionar por sí solo…sin ella y la horrible dependencia…el paisajista se pierde esta visión… ¿Quién será el idiota que no podrá entrar al baño por culpa de los amantes?…Nada más narcisista que hacer el amor frente a un espejo…demasiado tiempo conociéndola…demasiado…poco…nada…pinta los trigales con cuidado, usa el amarillo más oscuro…conserva el sabor a Marambia…siento celos…¿podrías retratar esos también?...

Atardeció y oscureció profundamente. Mis compañeros de asiento aún no regresaban y mis pensamientos seguían inconclusos. Un pequeño silbido me desvió de ellos. Era un tren de juguete que se encontraba bajo mi asiento y se dirigía hacia el pasillo. Aparecieron varios más, desde distintos lugares del vagón. Había de distintos tipos, diseños y colores. Estaban los clásicos, como salidos de películas de vaqueros, modernos, ultramodernos en monorriel y también estaban los que aún no se han creado. Todos poseían una particularidad hipnotizante: los rieles se armaban ante la venida del tren, desarmándose cuando pasaba y reconstruyéndose para continuar la vía. Eran pequeños trozos de durmientes que se repetían, permitiendo que los trenes se movieran de manera más libremente que los reales. Las diminutas máquinas estaban hechas con maestría. Los detalles se encontraban completamente logrados, de tal manera que los trenes a vapor dejaban una estela de humo tras de sí y se movían proporcionalmente más lentos que los eléctricos, dando la impresión de ser trenes pequeños, en vez de meras réplicas a escala.